Debido a los devastadores efectos que el jet-lag y la fiebre resultado de la gripe ¿A? están ejerciendo en mi, llevo toda la noche sin poder dormir. La banda sonora de Dr. Horrible’s Sing-Along Blog retumba en mi cabeza y, por mucho que me guste como canta la pista 5 (A man’s gotta do) Neil Patrick Harris, el estribillo me empieza a rechinar. Producto de mi hiperactividad cerebral se me están ocurriendo algunos posts, así que he encendido el ordenador por séptima octava vez esta noche, me he envuelto en la manta que mangué del avión (convenientemente llena de víruses) y me he puesto a teclear. En los altavoces suena Taylor Swift, You belong to me. Llamadme mariquita que me da igual.
Lo primero que ha salido de mi prolífica mente enferma ha sido una carta-protesta a los de WD por la putada que me han hecho con el disco duro. La he pegado al final del post que escribí el sábado. Lo siguiente es esta pequeña reflexión/comparativa sobre Washington DC, una ciudad en la que he vivido bastante y que siempre me deja con sensaciones mixtas.
Lo primero que hay que decir sobre el DC es que es una ciudad bastante pequeña. Tiene forma de rombo con tres lados rectos y el cuarto delineado por el curso del río Potomac. Está incrustado en el estado de Maryland y colinda al SO con el estado de Virginia.

Fuente: Wikipedia
El DC no es ni siquiera uno de los 50 Estados que componen el Imperio. Por tanto no tiene representación en el Congreso, más allá de un observador sin voto, y ni Harry en el Senado. Los residentes de Washington DC no pudieron votar en las generales hasta 1961, cuando se enmendó la Constitución para solucionar este agravio. El tema de la no-representación trae de cabeza a los residentes del DC, que en el eslógan de sus matrículas (cada Estado tiene uno diferente) llevan escrito “Taxation without representation”, es decir, “Impuestos sin representación”. Este eslógan es herencia directa de la época colonial, cuando los británicos denegaban a los colonos un diputado en el Palacio de Westminster.

La broma les salió cara a los "british"
Aparte de estos pormenores administrativos Washington DC es una ciudad bastante bulliciosa. Además de albergar al hombre más poderoso del mundo en sus calles se cuentan nada menos que 174 embajadas (más o menos), varias sedes de los organismos internacionales más importantes del mundo, dos de las mejores universidades del país y algunos de los museos y monumentos más bellos del orbe. La ciudad entera está planificada como un magnifico monumento horizontal. La culpa de esta estupenda planificación urbana la tiene el arquitecto francoamericano Pierre L’Enfant, que visualizó la ciudad como un entramado de amplias avenidas y edificios bajos que no colapsaran la panorámica. Al contrario de lo que se suele pensar, no hay ninguna ley que limite la altura de los edificios a la del monumento a Washington (popularmente: El Obelisco); si hay no obstante, una limitación de altura equivalente a la mayor de las anchuras de las calles adyacentes más veinte pies (unos 7 metros). Con todo, el obelisco sigue siendo la estructura más alta del DC y por tanto se puede decir que es una ciudad muy poco agobiante, sobre todo si la comparamos con otras como New York.

Esta la hice yo (©)
En Washington vive poca gente. Menos de seiscientas mil personas según el último censo. La mayoría de la población son de raza negra, y el resto suelen ser estudiantes o gente con pocos recursos. Practicamente nadie que tenga pasta vive “en” Washington DC. Excepto Obama y el vice el resto prefieren huir a los suburbios de los estados colindantes, principalmente el Montgomery County en Maryland, que está a escasos 10 minutos del centro de la ciudad.
El alto porcentaje de ciudadanos de raza negra tienen un alto impacto en la criminalidad. No es que yo sea racista, pero ahí están los datos para respaldarme. Aunque pueda parecer que el DC es una ciudad blindada debido a la cantidad de dignatarios, políticos y empresarios que allí se concentran, nada más lejos de la realidad. Hasta hace poco Washington DC era la capital del crimen y aún hoy quedan zonas (principalmente el NE) en las que no se puede entrar sin una tanqueta y un batallón de policías. A pesar de todo, si uno sabe por dónde moverse Washington es una ciudad bastante segura en la que se puede pasear tranquilamente por la noche con un mínimo de precaución.
La lástima es que uno no tenga muchas oportunidades de pasearse por la noche. En el DC hay, reconozcámoslo, poca vida nocturna. Hay que recordar que se trata de una ciudad ocupada principalmente por políticos y diplomáticos (por experiencia personal puedo garantizar que estos dos colectivos son poco proclives a ir de bares), pero sorprende que el colectivo de estudiantes no esté más movilizado. La mayoría de los bares cierran a las 3 y en toda la ciudad no hay ni un sólo garito como Dios manda.
Esto hace de Washington DC una ciudad bastante tranquila. Tiene multitud de espacios verdes en los que despatarrarse a gusto, siempre que el tiempo lo permita. En el DC sólo se está bien en primavera y al principio del otoño. El resto del año hace un calor asfixiante y húmedo o un frío que mata maricones acompañado de una buena ventisca. Las lluvias son uniformes durante todo el año y nunca se puede salir de casa sin asegurar que no hará falta el paraguas.
En Washington DC se puede comer bastante bien. Hay multitud de restaurantes de todo tipo y, como todo en Estados Unidos, la comida es bastante barata. Esto, unido a un excelente servicio, hace que siempre sea mejor reservar cuando se tiene pensado salir a comer. En la ciudad hay un par de restaurantes españoles; Jaleo, del chef José Andrés, en donde se puede degustar gazpacho, tortilla de patatas o paella de encargo y La Taberna del Alabardero, un poco más tradicional con sus buenos guisos y platos castellanos.
Los turistas en DC tienen suerte, es una ciudad que se puede ver en un fin de semana sin necesidad de levantarse a las 7. La planificación urbanística ha concentrado todos los monumentos y museos en el centro de la ciudad, y sólo hace falta desplazarse en coche para ver el Pentágono (que por otra parte está fuera del término municipal del DC) y el cementerio de Arlington. En Washington DC, no obstante, no escasean las joyas artísticas. Podemos contemplar el original de la Declaración de Independencia o de la Constitución en los Archivos Nacionales, escrutar pinceladas de Miguel Ángel en la Nationall Gallery o rebuscar en las estanterías de la Biblioteca del Congreso en busca de originales de Robert Frost. Para animar la cosa (y muy recomendable si uno va con niños pequeños) también se puede explorar la historia de la aviación americana desde los inicios con el monoplano de los hermanos Wright hasta la carrera espacial en el Museo Nacional del Aire y el Espacio, en el que podemos ver multitud de aviones, misiles y hasta el módulo lunar del Apollo XI o el auténtico Spirit of Saint Louis.

La cola es para el McDonalds (©)
Si uno se aburre durante la visita, lo cual es poco probable, siempre cabe la posibilidad de darse una vuelta por el Capitolio y asistir a alguna sesión en curso en cualquiera de las cámaras. Esto garantiza al menos una hora de entretenimiento gratuito cortesía de los representantes electos del pueblo americano, que no desperdician ninguna oportunidad para tirarse los trastos a la cabeza.
Si uno no es un turista y va a vivir en Washington lo más recomendable (aparte del 1600 de Pennsylvania Av) es dejarse caer por Georgetown, barrio estudiante con ínfulas de SoHo neoyorquino que destaca por sus preciosas casas de dos pisos con fachada de ladrillo rojo, sus tiendas de moda y sus precios estratosféricos. Hay que recordar que las universidades que hay en Washington DC no son para ciudadanos de a pie. No en vano la Universidad George Washington es la más cara de los Estados Unidos. No obstante si uno quiere vivir en el DC y puede permitírselo, Georgetown es la mejor opción. La alta concentración de rubias adolescentes por metro cuadrado también ayuda.
Suena Embers de Just Jack en mi iTunes y poco más me queda que escribir. Este post es más largo que mis habituales pero más corto que el que le dedicaría a París, por ejemplo, ciudad de la cual podría estar escribiendo eones y no contaría nada. Sin duda ayuda que Washington sea una ciudad pequeña y corriente. No tiene el encanto de Nueva York ni la majestuosidad de Roma, pero no podemos dejar de olvidar que el destino del mundo se decide en ese pequeño rombo de la costa este americana.


Tío el plural de virus es virus!
Por todo lo demás, me ha molado el post xq desde que era pequeño y fui a Disneyworld no he vuelto a EEUU y es un pecado no haber visto nueva york.
Ya, pero a que “víruses” te hace más gracia? XD.
Nueva York está bien para vivir unos meses, pero más allá es un suicidio.
Pero sí. Es un pecado no haberlo visto, afortunadamente tienes tiempo para remediarlo!!
Weeeee!!! Estoy contigo Jaime, viruses es más gracioso xDD Para nada se me ha hecho largo, al contrario!!! Me he quedado con ganas de más!!!
Ahora estoy con mi abuelo que ha venido de Venezuela un poco liado, pero cuando se vaya te llamo (DE VERDAD DE LA BUENA, palabrita del niño Jesús) para quedar y para hablar. El año que viene me voy a EEUU unos días de vacaciones y quiero que me hables más de “ese rombo de la costa americana”
Espero que te vaya todo bien, un abrazo!!!
Álvaro
Álvaro Jiménez-Quesada Soto; como le dice Beatrix Kiddo a Bill: “Tú y yo tenemos un asunto pendiente”. Como no me llames próximamente pienso enfundarme en mi traje de cuero amarillo, equiparme con mi katana de Hattori Hanzo, subirme en mi moto e ir a buscarte!
La esperada miniguía no me ha defraudado y, al igual que los anteriores comentaristas, me ha sabido a poco. ¿Para cuándo las demás?
P.S: Lo de las matrículas por Estados y personalizables es una de esas cosas imposibles de extrapolar a España, no ya sólo por cuestiones políticas si no por lo que podrían hacer los amigos del tunnig.